01 · Belleza

La belleza también necesita tiempo

Entre tendencias que duran un instante y rutinas cada vez más largas, quizá lo que buscamos sea volver a mirar con calma.

Paola Sáez de Montagut sentada a una mesa, en blanco y negro

No todo lo que merece atención tiene que convertirse en una tarea. A veces, cuidarse empieza por elegir un gesto y estar presente mientras ocurre.

Durante años, la belleza se ha contado como una lista: lo nuevo que probar, el paso que no debemos saltarnos, la promesa que llega en un envase impecable. Pero a veces, al final de esa lista, aparece una pregunta más sencilla: ¿cómo quiero sentirme dentro de mi propia piel?

El gesto antes que el producto

Me interesan los rituales que no exigen una transformación. Lavarse la cara sin mirar el teléfono. Abrir la ventana antes de empezar el día. Peinarse con tiempo. Son gestos pequeños, casi invisibles, que nos devuelven al cuerpo sin convertirlo en un proyecto pendiente.

Quizá cuidarse sea, antes que nada, aprender a estar un poco más cerca de una misma.

No se trata de renunciar a la curiosidad. La belleza también vive en probar una textura, descubrir una voz nueva o cambiar de opinión. La diferencia está en el lugar desde el que miramos: no desde la urgencia por corregir algo, sino desde las ganas de explorar.

Una pausa también es una elección

En una cultura que nos invita a optimizar cada minuto, detenerse parece un lujo. Sin embargo, una pausa no tiene que ser extraordinaria. Puede durar lo que tarda la luz en cruzar una pared o el agua en calentarse. Lo importante es que ese momento nos pertenezca.

Tal vez la belleza que permanece no sea la que promete cambiarlo todo. Tal vez sea la que nos ayuda a volver, una y otra vez, a lo que ya está aquí.

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